Automoción

El Gran Premio pasó por Corrientes y dejó una estela indeleble de pasión por los fierros y la historia

El ámbito fierrero de la región se vio revolucionado en la mañana de este viernes a partir de las 8, cuando unos 150 automóviles clásicos largaron la etapa correntina del Gran Premio Histórico de la República Argentina, que por primera vez pasó por la capital provincial en una jornada pletórica pese al clima ventoso y a las nubes de un sorpresivo cielo gris.



Los aficionados más informados –no más de un puñado de correntinos que se escaparon de sus trabajos- pudieron vivir una experiencia inédita en contacto directo con pilotos y navegantes prestos a partir, pero de todos modos accesibles y condescendientes con la gente que les pedía fotos y datos de sus máquinas.
Precisamente, si algo faltó en la fiesta de motores y colores que ofrecieron los bólidos participantes fue público, una falencia atribuida por los pilotos y aficionados a la escasa difusión que tuvo el evento por parte de la filial local del Automóvil Club Argentino (ACA).
Apenas una conferencia de prensa convocada con tibieza en las frías oficinas de Mendoza y Mayo para que las autoridades de la entidad contaran datos obvios como el impacto económico que representa la llegada de tripulaciones que “ocupan hoteles y consumen en Corrientes”. Esa fue la actividad central de divulgación periodística que ni siquiera aprovechó la presencia del Club de Automóviles Clásicos de Corrientes para proporcionar un “aperitivo” a la gente.
El día de la conferencia las obras de la playa de carga de combustibles no habían terminado, por lo que un espléndido Mercedes de los 80 y una coupé Torino de los 70 aportados por el Club de Autos Clásicos local quedaron “guardados” en la cochera del ACA. Lo lógico hubiera sido llamar a la prensa en un contexto “outdoor”, con Costanera, con un marco de naturaleza y más autos de modo que se generase el clima para recibir a los autos de carrera que hoy partieron para volver quién sabe cuándo.
Para colmo, la gente no estaba bien al tanto de que se podía disfrutar a pleno en la largada que aconteció a primera hora de este viernes dado que en el ACA hicieron hincapié en la llegada del jueves por la tarde para promover una muestra estática que duró lo que un suspiro por una cuestión lógica: los pilotos estaban agotados después de 10 horas al volante y querían ir a descansar o bien a reparar roturas de vehículos que tienen todo tipo de ñañas producto de su antigüedad.
De hecho, quien esto escribe ofició de mecánico ad/hoc con un Torino 380 modelo 1968 que se había quedado sin frenos. Con modestos conocimientos mecánicos, el enviado de LA VOZ DE CORRIENTES  dejó la cámara de fotos en el piso y metió mano en la bomba de frenos para purgar. Cargó líquido que los pilotos por suerte portaban en el “ajuar” de repuestos y tuvo el honor de darle arranque al Toro. Bramó el Tornado OHC de 3.770 centímetros cúbicos y el pedal del medio empezó a recuperar presión.
Cuando la tripulación cordobesa (que no tenía palabras para agradecer la gauchada de un cronista desconocido), hubo de largar, el Torino rojo frenaba lo suficiente como para no sufrir percances inesperados.
La carrera largó desde la Costanera Sur entre las 8 y las 9,30 con un sistema que la organización utiliza en este tipo de pruebas: un reloj digital con display gigante que es observado por los navegantes para salir a la hora señalada en la hoja de ruta. Es decir, las tripulaciones se “autolargan” ante la atenta pero a la vez pasiva mirada de los comisarios deportivos del ACA, que supervisan todo en ruta mediante “controles secretos” que no son otra cosa que relojes con mangueras sensoras colocadas sobre la cinta asfáltica. Cuando el vehículo pisa la manguera, marca su tiempo en la regularidad.
Si de marcas y modelos se trata, hubo de todo y para todos los gustos. Desde “modestos” Citroën 3CV y Auto Unión DKW con sus característicos motores dos tiempos (llevan mezcla de nafta y aceite como combustible) hasta poderosas réplicas del TC de los 60 y 70 enfierradas hasta los dientes. Incluidos autos que emulan los originales que corrieron en sus años de gloria Nasif Estéfano, Juan María Traverso o los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi.
Cupecitas de TC del ayer con las modificaciones de cada época, desde las de baúl de tela hasta las petisas con chasis embutido en la carrocería, motores Ford V8, Chevrolet 7 bancadas, algún Playmouht muy orondo como “La Coca” (llamada así por su fallecido dueño, quien comparaba las curvas de su nave con las de Isabel Sarli), y muchos, pero muchos, “Yeyos”, el sobrenombre cariñoso que reciben los Peugeot 404 que en los años 60 alcanzaran la gloria con Migliore.
Y se puede seguir una lista casi interminable: Fiat 1500 coupé Vignale (un auto único por haberse fabricado sólo en la Argentina sin parangón en su casa matriz italiana), Valiant, una preciosa Liebre 1 (la primera modificación radicalizada que hiciera Oreste Berta sobre el Torino en el equipo oficial IKA), Fiat 1500 berlina, Ford Lotus Cortina con volante a la derecha venido de Colonia (Uruguay), un Mercedes Benz “Colas” como el que corrieran las suecas Ewy Rosqvist y Ursula Wirth a principios de los 60 en la Argentina y mucho más.
Párrafo aparte para las tripulaciones. Afables, abiertas al diálogo curioso de los aficionados. Dispuestas a explicar detalles de sus autos y a dejar que los “extraños” se subieran a sus preciadas butacas para probarse el volante de –por ejemplo- un buen Ford Falcon 1966 con las publicidades de Monte Grande, provincia de Buenos Aires.
¿Quién ganó? Dicen que iba primero un 404, pero en este tipo de fiestas donde reina la camaradería y la pasión por los autos como testigos vivientes que nos remiten a los sabores que degustaron padres y abuelos, no importan demasiado los podios. Ganan todos. Los pilotos que se atreven a la aventura (costosa en lo económico por cierto) y la gente que puede disfrutarlos en vivo y en directo, en el mejor túnel del tiempo que pueda existir: los clásicos en estado natural, con sus sonidos, texturas, colores y olores. No en los museos sino en su hábitat, en las calles y rutas, funcionando como hace 50, 60 o 70 años.

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