Política

Alberto Fernández es el nuevo presidente con un triunfo amplio pero sin cheques en blanco

El candidato justicialista Alberto Fernández se consagró en las elecciones de este domingo 27 de octubre como el nuevo presidente argentino y a partir de ahora enfrentará el desafío de domar una economía hirviente que es el peor legado de su antecesor y derrotado rival, el actual presidente Mauricio Macri.



Fernández llegó a la Presidencia por una diferencia menor a la que sus seguidores más fanatizados esperaban. En las elecciones primarias el ahora flamante presidente había aventajado a Macri por 15 puntos que en las generales de las últimas horas se recortaron a 8, producto de errores propios y aciertos estratégicos de Juntos por el Cambio en el último tramo de campaña.
El presidente Macri se va del poder, pero lo hace con 40 puntos y con sobrevida para mantenerse en el cuadrilátero del protagonismo político de la Nación. Nada mal para un jefe de Estado que enfrentó un comicio en medio de un desastre económico, con aumentos récord de la inflación, la pobreza y el desempleo.
El presidente electo perforó el 45 por ciento necesario para ganar en primera vuelta, pero no logró la luz de ventaja de las Paso del 11 de agosto y quedó lejos del 54 por ciento que hace ocho años logró Cristina Fernández de Kirchner, sin dudas la arquitecta de esta victoria construida sobre la unidad del peronismo.
Cuando CFK decidió correrse para dejar el primer lugar de la fórmula a un moderado como Alberto Fernández, ni se bajó ni se quedó en el lugar que irritaba a los jefes territoriales de un PJ que esperaban una señal de humildad política que finalmente emanó de quien fuera la mujer más poderosa de la Argentina hasta que, por sus propias arbitrariedades, tuvo que meter violín en bolsa para entregarle el poder a Macri.
Podría decirse que Cristina aprendió la lección y en la noche de este domingo lo demostró al pedir a los referentes del justicialismo que mantengan la unidad para que “nunca más vuelva el neoliberalismo”. Al mismo tiempo, admitió que su rol en lo que viene será secundario al pedir apoyo para el presidente electo en el complicado desafío de ordenar la economía y devolverles poder adquisitivo a los sectores más perjudicados por la crisis.
El guarismo final cerró en 48 puntos para el Frente de Todos contra 40 cosechados por Juntos por el Cambio. Se configura así, una vez más, una Argentina de equilibrio donde se mantiene la diferencia ideológica llamada grieta (un fenómeno que no debe sorprender pues se remonta a tiempos fundacionales de la Patria).
No hay espacios para dislates hegemónicos. Menos en el contexto de gravedad institucional que representa la drástica pérdida de reservas en el Banco Central, lo que obligó al macrismo a tomar en las últimas horas una medida que contra su propia esencia: un supercepo que fija en 200 dólares mensuales el tope para la compra de moneda norteamericana.
No será fácil salir del pozo. Lo dijo el gobernador electo de la provincia de Buenos Aires y ex ministro de Economía Axel Kicillof: “Estamos recibiendo un país que es tierra arrasada”. No miente el joven referente del peronismo de izquierda que le ganó nada menos que a la estrella de Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal. Comienza un nuevo ciclo, sin soluciones instantáneas.

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